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Home  /  Alimentación Saludable   /  Dietas bajas en calorias y muy bajas en calorias, para que sirven?

Dietas bajas en calorias y muy bajas en calorias, para que sirven?

Las  personas comienzan una dieta por motivos diversos, algunas por tener un peso excesivo y poco saludable, otras para  mejorar su figura, otras porque quieren comenzar hábitos de alimentación saludable y así recurren a diferentes dietas provenientes de diversas fuentes de información (nutricionistas, internet, amigos, familiares, etc.). Algunas veces  con resultados  exitosos durante el uso de la dieta, otras veces  fracasan al dejarlas lo cual genera angustia y frustración. En fin, lo cierto es que a la hora de hacer dietas nos encontramos ante un montón de información… ahora ¿todas las dietas sirven? ¿Puedo bajar de peso de un modo saludable? Para aclarar estos aspectos resulta fundamental realizar una primera  diferenciación:

¿En qué consisten las dietas hipocalóricas?

Las dietas hipocalóricas, son aquellas que aportan menos calorías de las que nuestro cuerpo necesita, son utilizadas para bajar de peso y cubrir las necesidades de energía y de nutrientes.

Según el aporte calórico (energía), las dietas hipocalóricas pueden dividirse en tres grupos:

  • Dietas hipocalóricas equilibradas, que aportan 1200 Kcal o más al día.
  • Dietas bajas en calorías. Aportan entre  800-1200 Kcal al día.
  • Dietas muy bajas en calorías. Aporte inferior a 800 Kcal por día.
  •  Otra categoría, pero más restrictiva  aún, son las dietas  de muy bajas en calorías, las cuales tienen con un aporte energético de entre 450 y 800 calorías diarias.

¿Para qué se utilizan las dietas hipocalóricas?

La elección de la dieta a utilizar depende de muchos factores: el grado de exceso de peso  de la persona y enfermedades que se asocian a la obesidad,  acuerdo en la forma de tratamiento con el paciente para mejorar la adherencia al tratamiento,  historial de peso y dietas realizadas,  antecedentes   familiares,  factores sociales- económicos,  hábitos alimentarios, de actividad física y problemas psicológicos.

Considerando que la obesidad  se encuentra en un alto porcentaje de la población mundial, tanto en adultos como en niños y su tendencia es hacia el incremento, es importante señalar que el  tratamiento integral de le obesidad consta de la  mejora de los hábitos alimentarios, incremento de la actividad física, apoyo conductual con psicología. En determinadas situaciones  de riesgo para la salud, se  utilizan medicamentos,  dietas de muy bajo valor calórico e incluso la cirugía bariátrica.

Según la Comisión Europea de Cooperación Científica en aspectos relacionados con la Alimentación (SCOOP), las dietas muy bajas en calorías aportan entre 450-800 Kcal por día, las cuales habitualmente se administran en forma de preparados comerciales que requieren solo agregado de agua. El objetivo es aportar  un mínimo de energía, asegurando un  aporte vitamínico, mineral y proteico para  intentar evitar pérdidas de masa muscular. Por eso, el Consenso de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD) y la Sociedad Española para el Estudio  de la Obesidad (SEEDO) recomiendan su uso solo en:

  • Preoperatorio de cirugía bariátrica en pacientes con esteatosis hepática y  de elevado  riesgo quirúrgico.
  • Posoperatorio inmediato de cirugía bariátrica para contribuir con el aporte adecuado de proteínas.

Cabe recalcar que estas dietas de muy bajas en energía no deberían ser administradas por tiempos prolongados (no más de 6 a 16 semanas) y cuando se utilizan requieren seguimiento  y evaluación por un equipo de profesionales de salud especializados en obesidad.  Estos planes de alimentación no deben ser administrados  en los siguientes casos:

ü      Personas que se encuentra con un peso normal o saludable, debido que pueden producir una disminución significativa de su masa muscular.

ü      Durante el período de embarazo o lactancia. Es importante que en el embarazo se cubran los requerimientos nutricionales de la madre para permitir el correcto crecimiento y desarrollo del bebé.  No debe indicarse ningún tipo de dieta para bajar de peso durante el embarazo y debe controlarse el aumento de peso por  el equipo de salud.

ü      Niños y adolescentes,  ya que puede alterarse el crecimiento a pesar de que tengan sobrepeso u obesidad. Se recomienda   educar sobre hábitos alimentarios y de actividad física con objeto de detener el incremento de peso, asegurando el crecimiento.

ü      Personas con diabetes tipo 1.

ü      Trastornos de la conducta alimentaria. Presencia de alguna patología psiquiátrica. Los cambios frecuentes de peso, conocidos como “efecto yo-yo” y dietas muy restrictivas pueden precipitar en trastornos alimentarios, respuestas del cuerpo que limitan la pérdida de peso y fracasos repetidos.

ü      Se ha demostrado que las pérdidas moderadas de peso  (5 a10% por debajo del peso inicial) se asocian a menor presencia de enfermedades y a un mejor estilo de vida.

Un concepto muy instalado en la sociedad es que bajar de peso “depende de la fuerza de voluntad”, y quizá no todo sea atribuible a la falta de voluntad.   Si bien es cierto, existen  muchas barreras sociales y económicas  (Por ejemplo: alimentos hipercalóricos  de muy fácil acceso   en los lugares de compra y mas económicos) que dificultan el  cambio los hábitos  de poco saludables a  saludables. Pensar que  “la persona es obesa porque quiere”,  es no comprender las dificultades que se presentan. Por lo tanto la falta de voluntad es una frase algo equivocada, si bien los cambios de hábitos y mantenerlos en el tiempo se lograrán desde un deseo y esfuerzo personal, todas aquellas barreras  pueden dificultar la tarea y esto es algo que debemos saber para evitar frustraciones. Cuando las barreras aparecen, es importante buscar ayuda con profesionales de nutrición, quienes podrán guiarnos al objetivo.

Un factor importante, para sostener una dieta es mantener normales los niveles de serotonina, una sustancia  que se produce en el cerebro y  cumple funciones en el organismo. La Serotonina “nos hace sentir bien: Sirve para tener un adecuado sueño nocturno, estar de buen humor, tolerar el dolor y controlar la ingesta de comida. Si la tenemos disminuida se producirán los efectos contrarios (Insomnio, malhumor, irritabilidad, depresión, apetito descontrolado, y compulsión para comer dulces o hidratos de carbono).

Hay una estrecha  vinculación dieta- serotonina: si se consumen alimentos adecuados y en horarios correctos se logra una producción de serotonina, mientras que cuando esta escasea , nuestro cuerpo pide comer dulces, de la misma manera que pide agua cuando tiene sed.

Como licenciados en nutrición nos gustaría trasmitir que no existe una dieta ni un plan de alimentación mejor, si no que este se debe ajustar a las necesidades fisiológicas, fisiopatologías, psicológicas y culturales de las personas, donde lo  que resulta fundamental  es trabajar en cambios de hábitos no saludables o menos saludables hacia otros  saludables, y en esta transición no todos las personas son iguales y deben ser  atendidas y contenidas por los profesionales de nutrición (y de  otros profesionales si así lo requieren), que los  puedan ayudar a lograr sus metas y fundamentalmente mejorar la calidad de vida.

Por lo tanto,  es necesario que a la hora de  empezar un tratamiento para bajar de peso,  la población entienda que la obesidad o sobrepeso son problemas de salud y requiere  de una evaluación y seguimiento por profesionales de la salud capacitados y comprender que el tratamiento es  para toda la vida y por su salud.

Bibliografía:

  1. Vilchez López JF et al., Las dietas de muy bajo valor calórico (DMBVC) en el manejo clínico de la obesidad mórbida. Nutr. Hosp. vol.28 no.2 Madrid mar./abr. 2013
  2. Liaudat A,  Actualización: Obesidad y dietas: algunas controversias, Sep-oct.2008.
  3.  González F,  Fernández-Britto JE. Evaluación de una dieta de muy bajas calorías en obesos asociados con hipertensión, diabetes o dislipidemias. Rev Cubana Invest Bioméd v.19 n.2 Ciudad de la Habana may.-ago. 2000